Lo bueno de todo esto que el primer fragmento lo ví ni bien me desperté. Estaba ahí, justo delante de mis ojos, en el piso de mi departamento. Me di cuenta que yo también estaba en el piso.
Me levante. Aunque me pareció que en realidad me estaba despegando del piso. Cerveza, fernet, alcoholes varios adornaban el piso como una obra de arte conceptual. “Le pondría 'Le tengo que pagar a la que limpia'” pensé.
Levante el fragmento del suelo y mire hacia todos lados, buscando los otros. Nada. Eso me resultaba muy muy muy extraño. Los oídos me zumbaban, evidentemente por la explosión que esparció todos los pedazos.
Y ahí descubrí algo mas extraño todavía. Conociendo los sucesos que desencadenaron en el estallido, me di cuenta que no pasaba nada. Sentía el zumbido, sentía la saliva pegada en la comisura de mi boca, sentía el brazo dormido, sentía muchísimas ganas de ir al baño a encarar otra tragedia. Pero nada más.
Era más que evidente, que la falta de todos los pedazos excepto del que tenía en la mano estaba estrechamente relacionado con la nada absoluta.
“¿Habrá que hacer algo al respecto?” medite un segundo. Y fue un segundo nada más, porque las vísceras me apremiaron de ir al baño.
Fue dos meses antes de cruzarme con mi ángel.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada