martes 11 de noviembre de 2008

Flashback #03: La voz

(Días antes de conocer al ángel Gerardo)

Algunas veces creo que opte confiar por completo en mis pies. Que ya deje de dudar en dejarlos ser, ya que ellos deben saber hacia donde me están llevando.
Hablar de mis pies como si fueran personas, tal vez se deba a que ya he abandonado todo proceso mental al caminar. Las distancias se han vuelto nulas, en ocasiones me sorprendo ya en la puerta de mi casa, buscando las llaves, sin recordar todo el proceso de traslado de un punto a otro. Solo me faltaría comer cerebros para ser un zombie.
Fue cuando estaba volviendo a mi casa después de una jornada laboral que, caminando como un autómata, la escuche. Fue como un susurro, de alguien muy lejano (si es que es posible tal cosa)

"Soy el..."

Me detuve en seco, sorprendido. Me di cuenta que estaba en plaza Belgrano, por lo que no faltaba mucho para llegar a mi casa. Fue como despertar de un sueño breve, de esos que no se esta seguro de haber dormido.
Seguí caminando, temiendo que este sufriendo de narcolepsia y noctambulismo al mismo tiempo.

"Soy el que no..."

Frene nuevamente y me di vuelta, buscando enfrentarme al que me este haciendo la broma. Pero nadie había. O mejor dicho, había demasiada gente concentrada en sus cosas. Mire fijamente a un señor de avanzada edad que venia caminando detrás mío como para descubrir algún indicio de implicancia. Aunque la voz no parecía proceder de un anciano. En realidad, tampoco parecía proceder de alguien joven. Ni era claramente de hombre, o de mujer. Ya me estaba pareciendo claro que no se trataba de una voz humana tampoco, y eso empezó a inquietarme.
Continúe mi camino, cauteloso. Algunas personas habían dado cuenta de mi actitud errática y me miraban con recelo, como si estuviesen viendo un loco. Habría que ver si estaban equivocadas o no.

"Soy el que no existe, el..."

Sin querer escuchar nada más, me tape los oídos y empecé a correr, casi llevándome en mi camino a varios vecinos que me luego insultaron con el puño en alto. No frené hasta llegar a mi casa, y no salí hasta que llego el delivery de comida (que atendí muy cuidadosamente armado de un palo de escoba).